Carta: El Endeudado

Palabras claves: transformación, nueva perspectiva, agilidad, compromiso

¿Has sentido alguna vez que alguien quedó en deuda contigo? Tal vez no fue sólo algo de dinero, quizás involucró una promesa, un favor que pensaste que se saldaría pronto, pero que al final fueron pasando los días, fuiste acumulando molestia y nunca se resolvió ¿Te suena familiar?

Esta situación no sólo ocurre a nivel personal, también sucede dentro de las empresas, las que van acumulando un déficit en distintas áreas que, si no es solucionado en el momento, puede ser una bomba de tiempo que termine por explotar en sus caras o, lo que es peor, en la del cliente.

Y qué mejor escenario para poner en evidencia el estado real de una compañía a nivel organizacional que las crisis, en especial la que trajo consigo el Coronavirus, una calamidad ante la que nadie estaba preparado y que sacó a la luz un montón de problemas que la transformación digital parecía haber solucionado. Pero no fue así.

Porque la eficiencia y la agilidad no pasan sólo por la implementación de nuevas tecnologías y la automatización de procesos, nada de eso será suficiente si quienes integran una organización no adoptan un cambio de mentalidad que implique una nueva manera de ver, entender y hacer las cosas.

No basta sólo con hablar de agilidad para serlo, hay que aplicarlo

Pasa que al final, algunas empresas que dicen ser ágiles – o que intentan serlo-, suelen cometer el error de no reconocer a las personas como como un eje fundamental dentro del proceso de reestructuración, como si sólo fueran piezas de una máquina que basta con reemplazar o “atornillar más fuerte” para que funcione mejor.

Como resultado de este tipo de paradigma y falencia, las viejas estructuras y los patrones de comportamientos que son parte del ADN organizacional van quedándose atascados en la vorágine del ritmo acelerado con el que evoluciona la sociedad y las nuevas tecnologías.

Sabemos que las exigencias del mercado resultan tan demandantes que muchas veces todo se necesita para ayer, por lo que debemos ser ágiles, debemos ser dinámicos, debemos ser proactivos, debemos innovar, debemos, debemos y debemos tanto, que se va transformando efectivamente en una deuda.

Y queramos o no, todos esos pendientes a nivel organizacional que van pisándonos los talones, se van quedando en una sombra que por más que la queramos camuflar, tarde o temprano nos devorará si no nos hacemos cargo de ella.

Porque sí, es probable que se tengan todas las ganas de instaurar un nuevo modelo de negocio basado en la agilidad, pero eso tiene que ir de la mano de una transformación profunda a nivel interno que involucre desde los líderes, hasta los equipos como marketing y recursos humanos. Pero muchas veces esto no sucede.

En vez de eso, todo se va dejando para solucionarlo “sobre la marcha”, mientras sigue la burocracia y se acumula la deuda organizacional, que a la vez se suma a la deuda cultural, a la técnica, a la de seguridad, a la de comunicación y así… Pero ¿qué hacer para evitar esta situación? ¿cómo saldar estas deudas?

Hay que ser el cambio que quieres ver en el mundo o, en este caso, en tu organización

Pues, tal como se muestra en una escena de Matrix en la que Neo espera ver al Oráculo, éste se encuentra con un niño que dobla una cuchara con sólo mirarla, el cual le dice:

No trates de doblar la cuchara, eso es imposible. En vez de eso, trata sólo de darte cuenta de la verdad: no existe tal cuchara. Entonces verás que no es la cuchara la que se dobla, sino que eres tú”.

Te estarás preguntando qué tiene que ver todo eso con la agilidad o las deudas a nivel organizacional, pues resulta que las empresas tienden a querer cambiar la forma en que hacen las cosas sólo desde una perspectiva externa o superficial (la cuchara), sin darse cuenta de que para que eso suceda, primero tienen que modificar la forma en que ven y abordan su realidad interna.

Es decir, empezar por hacerse cargo de sí mismas, de sus procesos y las personas que las conforman.

Sólo de esa manera podrán “doblar la cuchara”, porque la anhelada eficiencia y calidad que desean demostrar en sus productos o servicios no será algo que se dé por sí sólo gracias a las nuevas tecnologías, sino más bien una consecuencia de un cambio de enfoque aplicado a la cultura organizacional y sus buenas prácticas.

Y sí, este camino es más largo y puede que lleve más tiempo, pero a diferencia de los atajos, traerá consigo mayores beneficios y aprendizajes que impactarán no sólo en estas deudas a nivel organizacional, sino que también en la motivación de los colaboradores y su potencial para desarrollar nuevas y mejores formas de hacer las cosas.

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