El uso de tecnologías como la Inteligencia Artificial para aplicaciones ambientales podría contribuir con hasta $5,2 billones de dólares a la economía mundial en el 2030 y reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero en un 4%, lo que equivale a 2,4 GT de CO2.

Si bien durante los últimos meses disminuyó la contaminación en distintas ciudades del mundo debido al confinamiento obligatorio para reducir los contagios por Coronavirus, lo cierto es que el dióxido de carbono aún permanece acumulado en nuestra atmósfera pese a que según la revista Nature Change, las emisiones globales diarias en este periodo fueron un 17% menos que en el 2019.

En el Acuerdo de París que se logró en el 2015, los países de todo el mundo se comprometieron a combatir el cambio climático y a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para así limitar el calentamiento global. Dentro de los puntos que allí se estipularon, se reconoce la importancia de la tecnología para la puesta en práctica de medidas de mitigación y adaptación, donde la innovación juega un papel fundamental para contribuir tanto al crecimiento económico como al desarrollo sostenible.

Asimismo, el informe en relación a este tema que entregó el año pasado la ONU, señala que es necesario explorar nuevas fuentes y tecnologías que permitan obtener datos de calidad, ya que estos son vitales para que los gobiernos, organizaciones y la sociedad civil puedan tomar decisiones informadas que garanticen una evaluación certera en cuanto al cumplimiento de la Agenda 2030, donde se establecieron 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como lineamientos para los países que son miembros de las Naciones Unidas.

Hacia procesos más eficientes y una responsabilidad compartida

La Inteligencia Artificial (IA), Internet de las Cosas (IoT) y Big Data, por ejemplo, se están transformando en avances claves que permiten una mayor agilidad y eficiencia respecto a los recursos naturales y al monitoreo del medioambiente, generando así la posibilidad de reducir la polución, aumentar la productividad y evaluar alternativas que favorezcan tanto a un nivel ecológico, como social y económico.

De acuerdo al estudio sobre cómo la IA puede permitir un futuro sostenible que dio a conocer Microsoft en conjunto con PwC, se estima que el uso de este tipo de tecnología para aplicaciones ambientales podría contribuir con hasta $5,2 billones de dólares a la economía mundial en el 2030, impactando en millones de empleos y convirtiéndose en una de las mayores oportunidades comerciales de nuestra economía; además ésta contribuiría a reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero en un 4%, lo que equivale a 2,4 GT de CO2.

Según el Líder del área de Fábrica e Innovación de la empresa 3IT Quality of Service, Leonardo Toloza, “es importante pensar el desarrollo de las nuevas tecnologías desde una perspectiva sustentable, ya que la innovación tiene el poder de impactar positivamente no sólo en la eficiencia de los procesos, sino que también puede ser un método eficaz a través del cual abordar problemáticas medioambientales, donde tanto las empresas como las instituciones y las personas, tienen una responsabilidad compartida. De esta forma, la tecnología puede transformarse en un agente de cambio sostenible en el que aspectos como la digitalización y automatización de los procesos, junto con la medición, el análisis de los datos y la centralización de la información, toman gran importancia para supervisar y gestionar, por ejemplo, los residuos, la contaminación atmosférica, la detección de incendios, la calidad del agua y la predicción del clima”.  

En este sentido, es interesante observar lo que se está haciendo en la agricultura, sector en el que poco a poco se está innovando mediante la implementación de herramientas que facilitan la toma de decisiones para incrementar el rendimiento de las cosechas, donde gracias la información en tiempo real sobre los cultivos, los agricultores pueden prepararse ante posibles crisis y optimizar los procesos de acuerdo a las condiciones ambientales o climáticas, controlando elementos como la cantidad de agua necesaria para regar los cultivos dependiendo de la humedad de los suelos y de cuán próximas serán las lluvias siguientes.

Por otro lado, la innovación también se está transformando en un puente por medio del cual se conectan las personas y se generan comunidades que fomentan la participación entre individuos y organizaciones ecológicas, como es el caso de la aplicación Plant for the Planet que fue lanzada el año pasado en la Cumbre sobre el clima de la ONU. Esta es una herramienta de código abierto y gratuita que moviliza fondos para la reforestación del planeta y en la que ya participan unos 100 proyectos de casi 40 países, donde a través de unos cuantos clic, los usuarios pueden contribuir a la plantación de árboles en distintas comunidades.

De este modo, la tecnología tiene el potencial de establecer los cimientos necesarios para avanzar hacia una sociedad más inclusiva y sostenible, impulsando tanto las acciones individuales como en el ámbito colectivo y privado. De hecho, recientemente una investigación de Ericsson dio a conocer que 5 de cada 10 consumidores también ven a las empresas y a las marcas como actores responsables de proteger el medio ambiente, lo que significa un gran desafío para éstas debido a las crecientes exigencias sobre implementación de medidas que apunten hacia una disminución de la contaminación global. 

Hoy en día las empresas tienen la oportunidad de tomar estas expectativas y mostrarse de una forma más atractiva para los consumidores, ya que aspectos como la fidelización y la preferencia de una marca pueden estar determinados por sus acciones en torno al cambio climático. Comenzar a pensar la economía desde una perspectiva circular, donde la innovación tecnológica sea aplicada a la sostenibilidad, puede ser una estrategia decisiva que no sólo resulte beneficiosa para las compañías, sino que también para las personas y el planeta.

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